16/3/13

Un pedazo de vida

Si me preguntas que esperaba de ti, te podría mentir y decir que nada.

En realidad desde que te conocí esperé mucho, incluso que algún día ocuparás un lugar no solo privilegiado en mi vida, que tú podías ocupar ese lugar que aún nadie había podido ocupar.

Pasaron las semanas y ese desdeño con que me tratabas se convirtió en camaradería primero y después me desbalanceaste cuando me dijiste que te gustaba. No era que no lo quisiera, simplemente no me lo esperaba. Era complicado, al final del día mis muchos años de más, mis ideales y el ser amigo de tus padres eran impedimentos serios.

No obstante cuando trate de pelear por ti, tú diste media vuelta y yo acuse el golpe, luego la cosa se volvió confusa con tu "no quiero que te vayas, pero respetaré tú decisión". ¿Que debía hacer? No tenía porque quedarme.

Paso un mes y la re-aparición de en mi vida de a quien el día de hoy sigo creyendo fue uno de mis más grandes amores solo hizo de mi vida una calamidad por las concesiones que le permití. Y deje de lado lo que un día pudo ser entre tú y yo.

Las circunstancias, tu silencio, mi necesidad de moverme y el ver que cada vez que te veía me seguías provocando sentimientos encontrados. Por un lado, esa atracción que siempre sentí hacía a ti; pero por otro el ver que te convertías en una persona elitista, superflua, atrapada en su deseo de ser el centro de atracción de todo mundo, el convertirte en esas cosas que yo detesto terminaron por hacerme ver que nunca hubiese existido nada más que lo que hubo entre tú y yo.

Después te enfermaste, te operaron y tu cara cuando me viste en el hospital no supe si fue más de sorpresa o desdén, se complico todo y te tuvieron que llevar a otra ciudad. Desde ese día ya no te vi hasta el día de hoy que pasé a visitar a tu hermano por su cumple.

La verdad, ni el clima tan frío ni nada me preparó para el recibimiento que me diste. Pero no me sorprende, se que eres feliz con tu vida, yo estoy tranquilo con la mía. Creo que hace que sea un empate. Si hubiera que cobrar me saldrías debiendo, pero siempre soy un mal inversor, así que estamos en paz. Para mi, ni te debo ni me debes.

Me quedo con el recuerdo de las veces que tuve que ir por ti a la clase de baile. Las platicas por el camino y  el que siempre me pidieras quedarme unos minutos más y como prolongabas el abrazo de despedida. Al final solo serán sensaciones perdidas, humo y niebla.

¿Nos volveremos a ver? Eso es seguro. La vida da muchas vueltas y aunque ya no pretendo estar cerca de tu vida si me hubiera encantado ser parte de ella.

Al final del día, volvemos a ser polos opuestos. Tú en los reflectores en una noche pasada por lluvia y yo desde las sombras con el cigarrillo en la boca viendo como no atreves a mirar ni un segundo hacía donde sabes me encuentro. 

No hay comentarios: