12/4/13

Sombras

La noche estaba fría, o al menos yo tenía frío. La gente estaba atenta en la oscuridad, apenas rota por la luz de la vela que sostenía en sus manos.

Uno a uno los lectores fueron pasando y de pronto me tocaba a mi, fue sencillo, demasiado. Sobretodo al comprobar que casi todos los demás tenían errores y nosotros en palabras de mi hermana lo hicimos "impecablemente". Luego regreso la luz y todo el mundo dejó de mirar a quien leía para hacer más caso a los globos, las palomas, el estruendo de la música y de nuevo estabamos frente al ambón.

Ahora las palomas distraen menos, los globos se han acabado, la gente vuelve la vista hacia el individuo de camisa blanca, pantalón negro y abrigo del mismo color que entona un salmo como hace años no se hace en ese lugar. Algunos lo reconocen y se sorprenden.

Con una sonrisa y un gesto de triunfo regreso a mi puesto, la oscuridad. El acto principal ha terminado, la siguiente vez que reaparezca lo haré para mostrar que la vieja escuela sigue vigente, que aún quedamos quienes la defendemos.

Pasan 20 ó 30 minutos y surjo de las sombras con el incensario, ya todos saben que soy su portador, cumplo con mi cometido. La gente se queda satisfecha.

Luego los cantos siguen y cuando me buscan ya he desaparecido. No me gusta la combinación que ha hecho el sacerdote.

Dentro de las muchas corrientes que he conocido dentro de los católicos los que tienen tendencia hacia los "movimientos carismáticos" son los que más cosa me dan.

Reminiscencias y extrañas mezclas de predicadores brasileños que no son más que malas copias de estilos no comprendidos.

Así, esa noche mientras sonaban la mezcla se rock, cumbia y cantos religiosos; salí de entre la gente para alejarme de ese ruido. 

Y es que ora alguien que creció con salmos y Te Deum no es algo grato.

En fin, cada quien demuestra su devoción como puede y ese día yo solo quería demostrar que aún hablemos gente que tiene los conocimientos de los tiempos donde era un arte pasar al ambón y hacer no sólo las cosas con el mejor esfuerzo, sino con técnica y dedicación.

El ejemplo esta, y vino de la persona que menos se esperaban; del marginado, del auto excluido. Del chico de las sombras. 

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