Hace años, cuando eramos felices en el mundo extraño que habíamos formado donde lo mismo Diosas y sirenas departían en las playas que caballeros, dragones y trovadores en sus bosques acampabas leí una entrada de blog (hace tanto que no escribía esto) que me recordaba la Sabina y sus "19 días y 500 noche"; que hablaba de como olvidar a la gente y ponerle fecha de caducidad a un sentimiento, Laura se llama la autora y fue quien más progreso en todo este tiempo desde que empecé a vagar por toda el ciber-espacio.
Lo único cierto que con el paso de estos años, los que quedan son bien pocos y lo hacen por amor a la escritura. Ya no hay "chairos", ni equinas que matan, tampoco hay lluvia de estrellas ni plaquetas verdes... Todos se han ido... creo que nosotros mismo hemos perdido mucha de esa esencia que teníamos...
Hoy me di tiempo de andar por esos camino vacíos, donde las luces de los locales solo anuncian que no hay nada que ofrecer, son paisaje solitarios, son como los solares baldíos del gran Rockdrigo, son como una noche donde ni los perros se atreven a ladrar de lo oscura que es... y sin embargo aún hay un caminante en la senda.