Se levanta temprano, se acicala el cabello y
se lava la cara, sale con el maíz nixtamalizado para el molino donde se
encuentra con que ya hay tres mujeres antes que ella esperando turno y son las
5 de la mañana.
Cuando regresa a casa prepara la masa para
hacer tortillas, para cuando termina ya los 3 hijos están levantados y la mayor
de ellos ha preparado atole para el desayuno el cual acompañan con la comida
que sobró de la cena de anoche (quelites con chile verde) y ya casi listos para
ir a la escuela se despiden de su madre mientras ella prepara maíz quebrado
para darle de comer a las 8 gallinas y al gallo, los tres guajolotes y al
marrano que espera en el corral.
Se baña con gua calentada en el fogón antes de
salir para el centro del pueblo, es jueves y hay que comprar el recaudo de la
semana, es día de mercado y la mejor oportunidad de comprar las cosas más
baratas ya que la oferta es mucha y los precios se ven más bajos que los días
domingos.
Al llegar al tianguis compra las cebollas para
sazonar -dos kilos por favor-, los jitomates para la sopa aguada, los tomates y
el chile para la salsa. Sopa en pasta, longaniza para el sábado cuando llegue
el marido, charales y "popochas", frijoles, azúcar, harina, arroz y
garbanzas se unen a la lista, cal viva para el nixtamal, una gorrita para su
hijo el pequeño y unas canicas para el mayor, para la niña unos listones; que
rebonita se va a ver con sus listones nuevos en el cabello.
Se detiene a ver los rebozos nuevos, hace un
año que su marido le compró uno y lo guarda como su más preciado tesoro, ahora
usa un chal de estambre, burdo y ya perdió la cuenta de cuando lo compro, -no
mi'hija-le dijo su madre cuando era niña,- los rebozos nomás' los usa una
cuando es una fiesta importante o para ir al templo, no es para usarlos toda la
semana-, se aleja del puesto en tanto piensa si podría regalarle a su hija uno
para su cumpleaños.
Pasa a la iglesia a persignarse y a rogarle a
su Dios que su marido este bien y no les falte el pan que él les proporciona,
deposita unas monedas en el altar mayor dedicado a la La Magdalena patrona
del pueblo y otras monedas van a dar en donde se encuentra San Isidro de
Sevilla pa' que la cosecha sea buena y haya maíz pa' las tortillas.
Sale del templo y se regresa a comprar las
cosas que le faltan: ajos y cerillos, cilantro, queso y acociles para la comida
de esa tarde, mangos, naranjas y una papaya para sus hijos.
Se aleja de la plaza mientras come un trozo de
guacamote cocido, lleva en la espalda más de 15 kg de peso, es cerca de las
2 de la tarde y sus hijos la esperan en casa para comer y ver que les ha
comprado.
Alarga el paso al tiempo que piensa si siempre
ha de ser así, si la vida que llevan no ha de cambiar, para ella ese modo de
vida es como el paraíso perdido de Jacinto Cenobio, un lugar sin malicia y
donde hay siempre un motivo para disfrutar de la vida, aunque esta a veces sea
agridulce.
Es jueves y ya los vendedores de la plaza
están lejos, es jueves y habrá que esperar al marido el sábado, es jueves y sus
hijos la esperan, es jueves y ella sigue caminando por el camino polvoroso, es
jueves y ella ha hecho lo que debía, es jueves y ella reza a la Virgen de Guadalupe que la
conserve a ella y a su esposo por muchos jueves más, los necesarios para ver a
sus hijos ser autosuficientes.
-Es jueves- dice en vos baja- es jueves
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