10/1/13

Jueves


Se levanta temprano, se acicala el cabello y se lava la cara, sale con el maíz nixtamalizado para el molino donde se encuentra con que ya hay tres mujeres antes que ella esperando turno y son las 5 de la mañana.
Cuando regresa a casa prepara la masa para hacer tortillas, para cuando termina ya los 3 hijos están levantados y la mayor de ellos ha preparado atole para el desayuno el cual acompañan con la comida que sobró de la cena de anoche (quelites con chile verde) y ya casi listos para ir a la escuela se despiden de su madre mientras ella prepara maíz quebrado para darle de comer a las 8 gallinas y al gallo, los tres guajolotes y al marrano que espera en el corral.
Se baña con gua calentada en el fogón antes de salir para el centro del pueblo, es jueves y hay que comprar el recaudo de la semana, es día de mercado y la mejor oportunidad de comprar las cosas más baratas ya que la oferta es mucha y los precios se ven más bajos que los días domingos.
Al llegar al tianguis compra las cebollas para sazonar -dos kilos por favor-, los jitomates para la sopa aguada, los tomates y el chile para la salsa. Sopa en pasta, longaniza para el sábado cuando llegue el marido, charales y "popochas", frijoles, azúcar, harina, arroz y garbanzas se unen a la lista, cal viva para el nixtamal, una gorrita para su hijo el pequeño y unas canicas para el mayor, para la niña unos listones; que rebonita se va a ver con sus listones nuevos en el cabello.
Se detiene a ver los rebozos nuevos, hace un año que su marido le compró uno y lo guarda como su más preciado tesoro, ahora usa un chal de estambre, burdo y ya perdió la cuenta de cuando lo compro, -no mi'hija-le dijo su madre cuando era niña,- los rebozos nomás' los usa una cuando es una fiesta importante o para ir al templo, no es para usarlos toda la semana-, se aleja del puesto en tanto piensa si podría regalarle a su hija uno para su cumpleaños.
Pasa a la iglesia a persignarse y a rogarle a su Dios que su marido este bien y no les falte el pan que él les proporciona, deposita unas monedas en el altar mayor dedicado a la La Magdalena patrona del pueblo y otras monedas van a dar en donde se encuentra San Isidro de Sevilla pa' que la cosecha sea buena y haya maíz pa' las tortillas.
Sale del templo y se regresa a comprar las cosas que le faltan: ajos y cerillos, cilantro, queso y acociles para la comida de esa tarde, mangos, naranjas y una papaya para sus hijos.
Se aleja de la plaza mientras come un trozo de guacamote cocido, lleva en la espalda más de 15 kg de peso, es cerca de las 2 de la tarde y sus hijos la esperan en casa para comer y ver que les ha comprado.
Alarga el paso al tiempo que piensa si siempre ha de ser así, si la vida que llevan no ha de cambiar, para ella ese modo de vida es como el paraíso perdido de Jacinto Cenobio, un lugar sin malicia y donde hay siempre un motivo para disfrutar de la vida, aunque esta a veces sea agridulce.
Es jueves y ya los vendedores de la plaza están lejos, es jueves y habrá que esperar al marido el sábado, es jueves y sus hijos la esperan, es jueves y ella sigue caminando por el camino polvoroso, es jueves y ella ha hecho lo que debía, es jueves y ella reza a la Virgen de Guadalupe que la conserve a ella y a su esposo por muchos jueves más, los necesarios para ver a sus hijos ser autosuficientes.
-Es jueves- dice en vos baja- es jueves

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