Maurice me había pegado un tiro. Ahora yo iba a tomarme un trago de bourbon o algo así que me calmara los nervios y me ayudar a entrar de verdad en accion. me imagine saliendo del puñetero baño, vestido y todo, con mi automática en el bolsillo y dando traspiés. Luego bajaría por las escaleras en vez de bajar en el ascensor. Iría agarrado a la barandilla y todo eso, chorreando sangre poco a poco por la comisura de los labios. Bajaría unos cuantos pisos -abrazado a mi estómago y con la sangre goteando por todas partes-, y luego llamaría al ascensor. en cuanto Maurice abriera las puertas me vería con la automática en la mano y empezaría a gritarme con voz muy aguda, de cobarde, para que lo dejará en paz. Pero yo le dispararía igual. Seis tiros en su estómago gordo y peludo. Luego tiraría la automática en el hueco del ascensor, después de haber limpiado las huellas y todo eso. Luego volvería arrastrándome a mi habitación y llamaría a Jane para que viniera a vendarme. Me la imaginé sosteniendo un cigarrillo para que yo fumara mientras sangraba y todo.
Malditas películas. Son capaces de destrozarte la vida. En serio.
El Guardián entre el Centeno (J.D. Salinger), Capítulo 14.
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