Los sonidos de música norteña inundaban el local, el ambiente cargado de humo de tabaco, las copas que ser servían en la sucia barra, la cerveza tomada directamente desde la botella y en una de las mesas alguien pedía otra ronda para los amigos.
La charla seguía fluida y yo regresé a mi cerveza, fría y con un poco de limón. Mi interlocutor había hecho una pausa para servirse otro trago de brandy con coca-cola, un cuba libre pensé. A mi no me gustaba el aroma, había crecido con un padre que tomaba esa mezcla y el puro aroma simplemente cerraba mi garganta como si fuera un tenaza.
Pedí otra cerveza y él se sorprendía que luego de 10 años, de dar vueltas por el mundo todo volviera al mismo barcito en el pueblo, a la misma secuencias de mesas, a las misma mesera, en quien se notaba más que en ningún otro sitio el paso del tiempo, tendría unos 45 años. Y recordé que en otro momento ella fue el amor platónico de mi grupo de amigos cuando eramos imberbes y empezábamos a parrandear. Pero ya el tiempo había pasado, los amigos estaban casados y con 20 años más a cuestas la mujer había perdido su encanto, como esas joyas de bisutería que pendían de su cuello, ella también había perdido su brillo.
Proseguimos con la charla y él me preguntaba algo que ya sabía pero no comprendía, no por necedad sino por curiosidad autentica por que aún no me había casado; pido una botella de whiskey y mientras vacío lo que queda de mi cerveza saco otra cajetilla de cigarros y sonrió. Él se queda callado, la botella llega, también más hielos, un vaso y un par de sodas, coloco hielos en el vaso y le pongo un buen trago en él, doy un sorbo antes que se enfrié demasiado y siento como recorre mi garganta y esa sensación cálida me hace bien...
Me acomodo en la silla y empiezo mi relato, una historia que mucho más vieja que la amistad con mi interlocutor, mucho más vieja que los años de juventud, una historia que no es mía pero que ayuda a entender mi vida.
Las palabras salen de mi boca y con ellas emergen parte de los secretos que solo ante el espejo he aceptado...
MÉDICOS Y DOCTORES
Se conocieron cuando él tenía 16 y ella 15, él estaba en su segundo año de su carrera sacerdotal y ella acudía al seminario a cursos de formación vocacional. Desde siempre se gustaron y con el paso del tiempo esa atracción física se convirtió primero en camaradería y luego en amistad. Para cuando él termino el 7° años de carrera se amaban y pensó incluso dejar su vocación como sacerdote para poder formar una familia con ella, pero le dijo que lo hiciera solo si la quería más de lo que podía querer a Dios y al colocar ambas cosas en la balanza se dio cuenta que eran complementarias. Así, poco a poco, mes a mes ellos siguen en contacto, cada vez más lejos pero siempre cerca.
Ella inició y termino la carrera como Médico Cirujano y fue condecorada por su dedicación. Fue en ese momento en que los reclamos, los "hubiera" y todo lo que tenía dejo de llenarle. Ella en el fondo aún deseaba una familia, un esposo con quien caminar por la calle tomada de la mano, alguien con quien despertar en las mañanas, pero lo más importante de todo, ella quiere que él sea esa persona.
Así un dejo de rencor empieza a carcomerle el alma y se enfoca absolutamente en su trabajo, conoce a otros hombre, mil situaciones, estudia una especialidad, luego un diplomado, una especialidad más y una maestría. Todo ello con la finalidad de demostrarse que podía suplir ese vacío que sentía en el alma con reconocimiento y éxitos profesionales.
Y llegó el día definitivo, ese en el cual él debía renunciar de una vez por todas y ante más de 15,000 personas a su amor. Así, un día de marzo y con una catedral pletórica y rebosante de gente, un nuevo grupo de sacerdotes se ordenaban para servicio y gloria de Dios (cuál Dios, no lo se) y entre ellos estaba él amor de una médico que entre la gente y ante la imagen de la Virgen de Guadalupe esperaba su turno para darle un abrazo, un abrazo que fue breve por que la gente estaba formada y hacia largas filas para pasar, pero que sobretodo fue breve porque ella solo fue a decir adiós, se mudaba de ciudad en unas semanas y no le había avisado.
Él se dedico a su vocación, servir a la gente. Estuvo un año como parte de la Mitra Diocesana antes de ser transferido a un enorme pueblo con más de 60 comunidades y 150,000 habitantes distribuidos en un una región que iba desde los llanos hasta las montañas y lagos. Aprendió Otomí y Mazahua de la viejecitas que visitaban los templos que atendía, ya que no solo tenía potentados sino también gente sencilla y poblaciones enteras de etnias que le llamaban "Padre" con una reverencia a la cual él no estaba acostumbrado. Un año y medio más y mil situaciones afrontadas le hicieron ver que su vida podía estar llena de gente, sin alguien tan cercano como un hermano, mucho menos con una pareja, pero al final del día tenía la conciencia tranquila. Para ese entonces se mataba en la atención de los fieles, así como en hacer ejercicio y tomar clases de inglés. Empezaba a asonar con fuerza el rumos que de que su mentor le había recomendado para estudiar un maestría y para ello era necesario viajar a Europa.
Y justo cuando se cumplían los dos años, los rumores se hicieron cierto y una carta de su obispo le notificaba que viajaría a Italia por dos años para continuar sus estudios en lenguas clásicas. Así, un mes de mayo partía rumbo a Europa y una semana antes de partir se vieron en lo que ambos pensaban podría ser la última que lo hicieran.
Pero no fue un par de año, fueron más de siete los que él estuvo en Italia con ocasionales visitas a su patria, a sus padres y a sus hermanos que ya habían tomado su camino. Dos hermanas casadas que él ya había dejado antes de partir; ahora con varios hijos cada una de ellas; un taxista y un químico, una bióloga y un par de estudiantes de preparatoria. Las visitas eran breves, 3 o cuatro semanas antes de volver a los estudios de latín y griego antiguo.
Viajes cada 6 meses a diferentes países por motivos educativos, sociales o pastorales; pero siempre con la mira en regresar a su pueblo, a su gente. Y es que no importaba que tanto fuera por el mundo; el seguía siendo el pastorcillo que cuidaba ovejas en los campos, que cuidaba cerdos de engorda para venderlos y que su padre tuviera un dinero extra.
Era el hijo modelo de una madre campesina; de ello nunca tuve duda y es que siempre había hecho lo correcto y nunca había defraudado a sus padres. Sus logros académicos hablaban por ello y para cuando faltaba menos de medio año para regresar con el grado de Doctor en letras tuvo una charla no muy agradable con aquella mujer que siempre lo había esperado y hasta se planteo dejar todo para irse con ella; que una vez más estaba a las puertas de su vida.
Pero nuevamente su amor por lo que creía y lo que quería ser de su vida le dijo que ese no era su camino y regresó a su país, regreso a tratar con esa mujer en el día a día; como el buen amigo que siempre había sido, como el buen amigo que siempre sería.
Muchas mujeres habían pasado por su vida y ninguna le había hecho plantearse la vida tanto como aquella. La querría siempre, siempre sería el amor de su vida y ahora ella con un esposo y un hijo a cuestas aún recorre a él para tomar decisiones.
Y yo lo veo a él cada vez más seguro de sus decisiones y de lo que debe hacer. Ser su amigo, su compañero.Porque él sería siempre un hombre de una sola mujer.
La música seguía sonando en el bar, la noche era joven y aún había tiempo de seguir con la plática pero parecía que todo el mundo fuera estaba loco, los borrachos necios como ellos solos pedían más cervezas y el humo del cigarro era cada vez más denso. Sonaba una canción que hablaba de un amor no correspondido y una fotografía en una copa de licor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario