Caminar por los cerros del pueblo era algo común, sobretodo cuando se va a buscar hongos comestibles y ese día habíamos pensado llegar hasta el mirador, yo tenía mucho que pensar... pero no era el único. Mi acompañante también...
-¿Tienes
miedo Nathan?- pregunto, él se me queda viendo con cara de sorpresa ante mi
cuestionamiento y finalmente entornando la mirada hacia el bosque que nos rodea
me contesta.
-El
miedo no es malo Xavier y aquel que diga que no ha sentido o siente miedo es un
mentiroso- hace una pausa, toma una de sus cigarrillos, deposita su mochila
entre la hierba y se sienta sobre una roca, -el miedo es lo que nos hace seguir
adelante cada mañana- da una bocanada a su cigarro y prosigue. -Yo he aprendido
que por el miedo a no estar solos buscamos una pareja, una relación que nos
haga sentir fuertes y entonces el miedo se atenúa pero nunca se va, el miedo a
morir es lo que nos empuja a vivir cada día, por el miedo a lo que halla después
de esos árboles me has preguntado todo esto-.
Vuelve
a fumar con pausa y yo me pregunto que hacemos en ese lugar húmedo, solitario,
frío, cuando el sol está oculto tras una espesa capa de niebla. -El miedo...-
dice él en voz baja que apenas escucho -el miedo es lo que me ha traído aquí-.
Cuando termina esto su cigarro esta en el piso y él toma sus cosas, es hora de
terminar el viaje.
-¿Tienes miedo?- grita de pronto
a una roca enorme que aparece ante nosotros, -¿tienes miedo?- vuelve a gritar y
el silencio del bosque se hace pesado. Subimos por un ladera y al llegar
arriba y bordear los peñascos que la coronan estamos en un alto muro de granito
y piedra caliza, es simplemente una vista hermosa y terrible a la vez. Nathan
se queda en silencio por un momento y después con los ojos arrasados por el
llanto y el dolor me pide que lo deje solo, yo le obedezco y camino por la
vereda...
Una
calle, el sol quemante pese a que el cielo presenta nubes, ella vestida de
blanco con negro, él de café. Platican, pero hay algo diferente esta vez y todo
queda claro cuando él se despide, ella le sujeta de la correa de la mochila
como queriendo evitar que se marche, los ojos llenos de lagrimas, él la abraza
y con voz suplicante le dice -Esto no es fácil para mi, es mucho más complicado
de lo que te imaginas-, la sujeta por una ultima vez y dando media vuelta se
aleja. Esta
vez no tiene el valor para mirar hacia atrás. El alma destrozada y sabe
que no hay vuelta de hoja, la música en sus odios hace más profundo su dolor,
camina por la acera y una pena lacerante se acentúa y "Wish you were
here" sigue sonando.
-El miedo-, me dice Nathan -es la
razón por la cual vine, tengo miedo de alejarme pero más miedo aún de hacerle
daño, tengo miedo a su ausencia pero más miedo a aún a su compañía, tengo miedo
de no poder tocarla pero más miedo de hacerlo, tengo miedo de olvidarla pero
más aún de amarla... tengo miedo de muchas cosas-. Otra vez estamos sentados y
ya ha vuelto a ser él mismo -Ayer por la mañana, cuando decidí viajar e ir a
decirle "hasta luego" estaba muerto de miedo y cuando me despedí
sentí ganas de no irme, más ¿que otra cosa podría haber hecho?, siempre voy a
creer que fue lo mejor-, se queda callado y ya no dice nada más, enciendo un
cigarro y pienso que tiene mucha razón en cuanto al miedo.
Sentir
miedo no es malo, lo malo es dejar que este nos domine.
No hay comentarios:
Publicar un comentario