No se hace cuanto no dices nada, tal
vez será porque no hay nada que decir...
Una sensación de soledad cada vez más
latente hace que me pregunte desde cuando es así, un temor amordaza mis labios,
embota mis pensamientos... mis pensamientos, ¿que son mis pensamientos? Son
solo fragmentos de un cristal roto a partir de tu ausencia.
Percibo un olor que impregna el
cuarto, lo siento adherido al paladar, metálico, denso, inconfundible... es
sangre. Y al darme cuenta de ello un atisbo de realidad me abofetea sin compasión.
¿Cuánto tiempo falta para que todo
termine? o ¿acaso ya todo ha llegado a su fin y solo es una jugada de mi cabeza
todo esto?
Siento como todo me suena lejano, voy
cayendo en un sueño lentamente, solo hay silencio y en el silencio me llega tu
presencia por una última vez y el susurro de tus palabras termina por vencer a
la última barrera que me separa de ese inevitable sueño. No comprendo lo que
dices y sin embargo tus palabras me llenan de paz.
La mancha de sangre que escurre de mi
hombro y de mi costado derecho ha empapado mi ropa, el olor es penetrante y las
primeras capas ya se han secado, no hay nada que se pueda hacer por mi, desde
que di la vuelta hasta que termine con esas heridas pasaron no más de 10
minutos y de eso ya hace bastante rato.
Es una lástima que no pueda volver a
enredar mis dedos en tu cabello, ni a oler de nuevo la fragancia de tu piel, es
una lástima que todo termine de esta manera, pero así es como las cosas tenían
que suceder. Uno a veces gana y a veces pierde y hoy me toco perder todo...
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Fragmento tomado del cuento inconcluso "La princesa y el caballero"
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