Pensé que mi vida después de ti sería mísera, dolorosa, sin sentido en todo momento; no haciendo otra cosa que querer olvidar lo que significaste en mi vida... y no, no me equivoque, así fue un día si y el siguiente también.
Una semana siguió a la otra y al sumarse fueron dando vida a los meses; con cada uno que llegaba mi vida pasaba del dolor y de preguntarme los porqué a la insensibilidad total de lo que pasaba a mi alrededor.
Mis amigos se marcharon, uno a uno se despidieron y me costo trabajo ver mi vida reducida a un pequeño mundo donde solo el trabajo y la soledad tuvieran cabida.
El silencio se apodero de mi, pero no porque yo no escuchara nada, sino porque no emitía sonido alguno, callaba para que no se notará mi presencia, trababa de confundirme con el paisaje, ese silencio trajo consigo que aún cuando estuviera con mi familia no me involucraba demasiado en sus problemas; los cuales siempre se podían resolver con dinero y como parecía que eso es lo único que les importaba se los daba, daba tanto como me era posible, daba tanto como me podía permitir quedando únicamente con lo necesario para comer y viajar en mi trabajo.
Sin embargo gritaba en las noches, trataba de entender el porqué me encontraba solo; necio, no quería entender que el único culpable era yo.
Así, tal parecía que la vida me daba una dura lección detrás de otra y tras desmayarme un día sin motivo aparente fui al medico y los estudios dijeron que moriría, que no llegaría a viejo, que mi corazón estaba mal. Me negué a aceptarlo y fui de un médico a otro. La desesperación se apodero de mi, pero poco a poco me fui calmando hasta que la aceptación apareció en mi vida y con ella un poco de calma.
Luego de mil idas y regresos, de muchos estudios y más visitas al médico, luego de buscar y no encontrar respuesta nueva, nada que pudiera cambiar el diagnóstico inicial.
Y entonces empecé a dejar de preguntarme los porqués y me preocupé por los como.
Si eso me había tocado en la vida, bienvenido sea. Trataría de hacer lo que mejor sabía hacer; ignorar todo, fingir que no pasaba nada. Que mi vida seguía tal cual era antes de que me desmayara.
Me aboque a mi familia, a mi trabajo, a mi. Me encerré aún más en ese mundo donde no existía otra cosa que mi mundo cabeza abajo por tantas cosas que habían pasado.
Solo entre la gente, solo en una casa viviendo con 6 personas más. Solo por decisión propia. Solo por que hasta la familia te puede abandonar aun cuando les hayas dado todo lo que podías y un poco más. Esa es la ley de la vida, porque al mundo hemos venido de uno en uno y generalmente así lo abandonamos.
Hoy, esta noche escribo más solo que nunca, porque hace más de un año te fuiste, porque hoy pago mis errores al alejar a la gente que me apreciaba, porque la ley de la vida es imparcial y me toca tomar mi camino. Porque estar en el estado en el que estoy es peor que estar muerto, porque ya no importa si mañana no despertamos, hoy hicimos lo que teníamos que hacer, bueno o malo, pero esta hecho.
Estoy solo como todos en el mundo, solo que la gran mayoría no lo sabe, estoy solo y el tiempo de los temores ha regresado. Solo por que nadie más que yo puede vencer a mi gran amigo el miedo, ese que me acompaña desde siempre y que nunca me ha dejado. Fue él quien siempre me susurro al oído que todo estaba bien cuando no era cierto, fue él quien siempre me dijo que podríamos salir adelante, fue el miedo, mi miedo lo que impulso a nunca darme por vencido, fue el miedo quien me llevo a ser lo que soy.
Pero hoy me doy cuenta que no le tengo miedo a algo, a la muerte; sabes que siempre la he visto como una amiga y no me lamento que sea más tarde o más temprano, cuando llegué solo le sonreiré y caminaremos juntos como lo hicimos durante toda mi vida.
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